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Arrancamos el 2022, con un tema que me viene rondando en la cabeza los últimos días. Aprender para enseñar. ¿o no? Y sino, ¿cómo crees que debería ser?  ¿Y por qué?

Son muchas las reflexiones o comentarios que podemos hacer estos días respecto de este asunto.

 

Cuando uno lo ve desde el punto de vista de el “educando”, está claro que lo que esperas de quien te dé un curso de cualquier cosa, es que esté como mínimo un paso más adelante que tú. Pero seamos sinceros. En muchas ocasiones, esperamos mucho más que eso. Y no conforme con esto, además esperamos, pretendemos, deseamos, anhelamos, que no sea SOLO UN PASO. 

El tema vino a mi cabeza porque estos días, han comenzado campañas diversas ofreciendo los cursos de rigor. Comienzan a aparecer correos electrónicos en mi bandeja de aquellos que sólo se acuerdan de mí cuando me quieren vender un curso. De hecho, quienes me conocen de cerca, saben de mi íntima relación con el sector marítimo.

No se si te has percatado tú también,  que estos días, comienzan a aparecer los vendedores de océanos de colores, nubes tridimensionales, institutos pirotécnicos, etc. Cuando en realidad, es mucho más simple que eso. “Keep it simple, stupid” (KISS). “¡No me quieras vender la burra, otra vez y por tercer año consecutivo!”

Luego de haber pululado por el “infoverso” (el universo del infoproductor, que me acabo de inventar) y haberme transformado en un consumidor de cursos, he llegado a la conclusión que en lugar de estar dándole vueltas al asunto, y haciendo cursos con muchos formadores distintos, es preferible ceñirse, dentro de los posible, a un  grupo más selecto, de los cuales ya haya “aprendido a aprender” con ellos y de esta manera la curva de mi aprendizaje para saber cómo absorber los conocimientos de cada uno de estos formadores, será menor… Porque ya los conozco. 

Así que sin dudarlo mucho, he preferido reducir la búsqueda eterna de nuevos curso por todos lados. La oferta es ENORME, algunos precios, también y ya está constatado que los resultados, no son directamente proporcionales a la inversión. Al menos, en la mayoría de los casos que conozco.

Pero es que aparte de esta reflexión sigo profundizando en el tema y digo: Aprender para enseñar, ¿es lo apropiado? ¿Lo “correcto”? Llego a la conclusión de que es correcto, si los educandos son capaces de aprender y aplicar lo que aprendan. Está más que claro que el universo de cursos y de alumnos es enormemente variopinto, por lo que no siempre, los educandos serán capaces de “absorber ” todos por igual,. Siempre habrá alguno al que le cueste un poco más, y no pasa nada por eso. Pero estos días me ha tocado escuchar a uno de esto gurús de cursos muy caros, decir que había gente que se dedicaba a aprender para enseñar, como algo malo. ¿y? ¿cuál es el problema de eso? Sin duda prefiero eso toda la vida, y máxime, si viene acompañado de soporte, seguimiento, comunidad, valor agregado, etc. Siempre preferiré eso,  a otro, (como me ha tocado vivir), que me deja plantado en una sesión “one to one” previamente pagada… Hasta el día de hoy, más de un año después, estoy esperando una reacción por parte de esta persona. Y lo peor es que se que nunca llegará.

Así que realmente, cuando llega el momento de decidir que fue primero, creo que me da igual. Llegado el momento, me comeré el huevo y la gallina. Así que, buen provecho, y a seguir adelante. He dicho.

 

 

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