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¿A que alguna vez escuchaste eso de “silbar y comer gofio“? Hay muchos dichos relacionados con el mismo concepto, o quizá parecidos: ¿”Estar en la misa y repicando“? En mi opinión el más gráfico para lo que voy a comentar, es “el que mucho abarca, poco aprieta”.  Y es de lo que va mi reflexión de hoy.

Justo antes de comenzar la pandemia, comenzamos un nuevo proyecto con un cliente, con el que afortunadamente aún seguimos. En principio se trataba de gestionar unas campañas de anuncios en redes sociales, creando un funnel de ventas con su correspondiente formulario de captación de datos, etc. Algo bastante habitual en nuestro mundillo.

En base a lo previamente acordado con el cliente, comenzamos a trabajar, preparando toda la plataforma técnica que nos hacía falta, contenidos gráficos, textos, videos, y los propios anuncios. Para todo ello, el cliente se comprometía a facilitar un montón de información, imágenes, etc.. Nosotros las gestionaríamos e incluso en algunos casos, (como el vídeo), lo editaríamos, (corrección de color, sonido,  etalonajes, etc.)

¿Qué sucedió? Que la empresa de nuestro cliente, que es una pequeña empresa donde el propietario realiza un montón de tareas, además de los compromisos adquiridos con nosotros, tenía que asegurarse de que su emprendimiento siguiera “en movimiento”, lo que le demandaba casi todo su tiempo.  Aparte de lo que tenía ya todos los días, se había comprometido con nosotros en facilitarnos textos, fotos, vídeos, y una serie de cosas, para las cuales no contaba con tiempo disponible. Había abarcado demasiado. Más de lo que podía abordar, al menos de una manera “saludable”

Finalmente nosotros  como empresa nos vimos ante la disyuntiva de decidir si tomábamos acción y nos hacíamos cargo de parte de esos trabajos, o si el proyecto ser vería truncado por no poder disponer de los materiales previstos. Estaba claro, que muy probablemente iba a ser muy difícil, por no decir imposible, poder cobrar todos esos extras.

La situación se tornaba complicada, porque pasaba de ser un servicio habitual, a “una apuesta de futuro”.

No se si bien o mal, pero nos pusimos la carga a la espalda, y pasamos a ser nosotros los que no contábamos con todo ese tiempo. Pero había que cumplir y sacar el proyecto adelante. Durante días la pasamos verdaderamente mal, hasta que poco a poco, el escenario comenzó a calmarse y todo estaba controlado. La campaña salió bien, el cliente agradecido, y conforme. Y nosotros…. Nosotros exhaustos … 

Cuando pasamos raya y valoramos este asunto hoy día, entendemos que en este caso, nos salió bien, porque este cliente, al día de hoy  sigue trabajando con nosotros, hemos incrementado el número de servicios y la facturación, y hemos establecido las pautas bien claras para todos los trabajos. (precios extra incluidos)

Nuestra conclusión fue que, efectivamente, ésta nos “salió bien”; pero podría haber sido al revés. Y eso hoy nos hubiese costado un cliente y mala reputación. 

Si en algún momento te encuentras en esta situación, deberías tener todos los aspectos posible contemplados: los previstos y los imprevistos, y así evitarte grandes dolores de cabeza, picos de stress, y pasarla mal. Porque el que mucho abarca, poco aprieta.

Te invito a que escuches el siguiente podcast, que si bien no habla de lo mismo, es otro aspecto importante a tener en cuenta cuando estás por comenzar algo, y te demoras demasiado pro no saber cómo hacerlo de la mejor manera posible. Espero que te guste. HAZ CLICK AQUI

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